Con una relativamente pequeña extensión de 19.192 hectáreas y situado en pleno corazón de las sierras béticas albacetenses, el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, declarado en el año 2005, constituye una autentica reserva de biodiversidad, cultura e historia. Desde los bosques atlánticos que quedaron atrapados aquí tras las últimas glaciaciones, hasta los típicos bosques áridos del sureste peninsular, este reducto natural aglutina una impresionante variedad de ecosistemas y especies.

 

Para poner un ejemplo, en su reducida superficie se han catalogado casi 1500 especies y subespecies de plantas, mientras que en toda la amplitud de la vecina Región de Murcia, de enorme valor natural, se han catalogado unas 2100. Es más, muchas de estas especies son endémicas de estas sierras, es decirno se pueden encontrar en ningún otro lugar del mundo. Algunas de ellas están extremadamente amenazadas, como Anthyllis rupestris, una pequeña planta de roquedos de alta montaña mediterránea catalogada como En Peligro de Extinción y con el 90 % de su población (mundial) restingida a la altiplanicie kárstica del Calar del Mundo. Si sumamos esta altísima y diversidad vegetal con la también variada fauna, tenemos unos de los lugares más biodiversos de Europa y de toda la cuenca mediterránea, esta última uno de los principales puntos calientes de biodiversidad a nivel mundial.

 

El Parque Natural se ubica en el extremo suroccidental de la provincia de Albacete, limitando con la provincia de Jaén y con el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, el más grande de España, que junto a estas sierras albaceteñas forma una de las mayores y mejor conservadas masas forestales de la península ibérica.

 

La superficie de este Parque se encuentra repartida entre los municipios de Cotillas, Villaverde de Guadalimar, Vianos, Riópar, Molinicos y Yeste, y también entre dos grandes cuencas hidrográficas, la del Segura (aquí nace el Mundo, su principal afluente) y la del Guadalquivir (en Villaverde nace el río Guadalimar, uno de sus principales tributarios).

 

Este territorio, situado a una altura media de unos 1200 m, consta de una abrupta orografía, con algunos de los picos más altos de la provincia, como el Mentiras, en el Calar de la Sima y con 1896 m, y el Pico Argel con 1699 m o el Cerro Vivoreros con 1657 m, ambos en el Calar del Mundo.

 

Todos estos picos se ubican sobre grandes macizos calizos o karst, llamados “calares” en la jerga local (por la gran capacidad de calado de agua que tienen estos elementos geológicos). Los calares destacan por su singular geomorfología y la mayoría tienen en común la forma “amesetada” de sus cotas altas, formando montañas en forma de mesa, algunas de ellas muy extensas y claramente visibles desde el espacio como el Calar del Mundo, una mole de unos 22 km de largo y una media de 4-5 km de ancho; sin duda una de las unidades kársticas más claras y extensas de todas las cordilleras béticas.

 

En su superficie encontramos los ambientes que, originados por la acción disolvente del agua ligeramente ácida, sustentan buena parte de la diversidad vegetal de este espacio: el paisaje kárstico, un entorno rocoso con afiladas crestas y agujas, grandes y oscuros pozos verticales (simas), vertiginosos cortados, amplios pedregales, y un auténtico tesoro geológico que es el gran campo de dolinas que se extiende por casi toda esta altiplanicie. Las dolinas o torcas son depresiones redondeadas que actúan como embudos para el agua y como macetas naturales para la vegetación. En el Calar del Mundo podemos encontrar casi 1000 de ellas, creando un auténtico laberinto de roca e infinidad de nichos ecológicos para las diferentes especies. Podemos ver fácilmente la intrincada estructura de este campo de dolinas en imágenes por satélite, como una superficie lunar salpicada por pequeños hoyuelos. Y es que este es el segundo mayor campo de dolinas de la península ibérica.

 

Pero esto solo es la superficie. Bajo ella y a una escala muchísimo mayor, una colosal red subterránea de conductos, cavernas y galerías recoge y transporta las precipitaciones hasta numerosos acuíferos, conductos y sifones, saliendo a la superficie en forma de manantiales, fuentes o cascadas de casi 100 metros de altura como la de Los Chorros del río Mundo, el lugar más conocido del Parque y el primer espacio protegido declarado en esta zona, en 1998, con el nombre Refugio de Pesca de los Chorros del río Mundo. Fue protegido no solo por su gran valor paisajístico o turístico, sino también por sus excelentes recursos biológicos.

 

Este largo sistema subterráneo comenzó explorarse de manera profesional en la década de los 50. Hasta ese momento, lo único que se conocía eran los primeros metros, visitados por los lugareños como un lugar de peregrinación. En la actualidad, se han explorado más de 85 cavidades a lo largo de más de 50 km, todo ello dentro de la colosal montaña del Calar del Mundo. Pero la exploración de este lugar aún no ha dado signos de flaqueza, pues estamos ante el sistema subterráneo más largo de la mitad sur peninsular, y el octavo de toda España.

 

Esta gran geodiversidad sustenta, en parte, la gran biodiversidad del Parque. Otra de los factores clave es su situación, en una zona de clima relativamente cálido pero con bastantes precipitaciones, que se concentran en una parte de su superficie, creando un marcado contraste entre el paisaje de la mitad noroccidental, de exuberante vegetación, y la suroriental, más cercana a los ambientes áridos del sureste peninsular. Todo esto suma biodiversidad.

 

Aparte de la ya mencionada flora, la fauna de este Parque Natural no se queda lejos, con nada menos que 174 especies de vertebrados, entre los que destacan sin duda las rapaces, con algunos de los tesoros alados que han promovido la declaración de la mayoría de los espacios protegidos de este territorio. Desde pequeñas rapaces forestales como el azor o el gavilán, pasando por el casi siempre presente buitre leonado, el águila real, el águila perdicera, el águila calzada, el halcón peregrino, hasta el altivo quebrantahuesos, que está empezando a recolonizar sus territorios ancestrales y que se deja ver por aquí de vez en cuando. Por sus peculiares costumbres, las rapaces nocturnas no son tan conocidas y apreciadas, pero aquí constituyen otro grupo de gran importancia, cuyo testimonio podemos escuchar y entrever en las oscuras noches que abrazan estas montañas.

 

También destaca la fauna de pelo, con los típicos ungulados (cabra montés, ciervo, muflón, gamo y jabalí) y otras especies tan interesantes como el topillo de Cabrera, el lirón careto, la garduña o la nutria; los reptiles, con la lagartija de Valverde, un icono de estas sierras y una especie exclusiva de las sierras béticas; los anfibios, con el raro sapo partero bético; y una tremenda y aún poco conocida diversidad de invertebrados, que seguro deparará bastantes sorpresas en el futuro, aumentando aún más si cabe el valor de este reducto natural.

 

En el entorno del río Mundo también encontramos una valiosa ictiofauna. Este es sin duda el grupo más amenazado y maltratado del Parque Natural, compuesto por especies como el barbo gitano, la colmilleja, el cacho y, por supuesto, la trucha común, que antaño formaba aquí una de las poblaciones más puras de la península desde el punto de vista genético, motivando en parte la declaración del Refugio de Pesca de los Chorros del Río Mundo.

 

Una especie en concreto merece una mención aparte. El ser humano ha sido el principal factor modelador de la naturaleza de este territorio. La conmovedora historia y cultura locales son una muestra de ello. En cada pueblo y aldea, cual poblaciones aisladas que evolucionan por separado, encontramos una (id)entidad diferente, el producto de siglos y generaciones de esfuerzo, supervivencia y costumbres ancestrales.

 

Estas tierras son, por derecho propio, un lugar de cultura ganadera, con una larga tradición en las sierras albacetenses. Ganado vacuno, ovino y caprino recorre incesantemente buena parte de estas montañas, sustituyendo a la mayoría de los herbívoros salvajes, manteniendo hábitats de importancia europea y mundial, y perpetuando el paisaje que vemos en la actualidad. Parte de la cabaña realiza una larga trashumancia desde estas sierras hasta Sierra Morena oriental para evitar lo más crudo del invierno y la escasez de alimento en esta época, una evento que constituye una ventana a los mismos orígenes de la conquista social de la Tierra. Cuna de bravos pastores, este Parque Natural evoca en nuestra mente las grandes peripecias de esta estirpe ya casi desaparecida.


FOLLETO DEL PARQUE NATURAL

 

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